Sombras enramadas.
Las sombras que le siguen, dejan ver sus ramificaciones;
Lo que no cuentan son las dificultades soportadas por el Sol
la Luna y el Viento con sus ataques normales de Naturaleza.
Momentos buenos y malos; presentes en su crecimiento.
Los enramados lo hacen los humanos,
que desde la creación son los encargados de cuidarlos.
Cuidados muchas veces crueles,
otras veces acertados; cuidados en fin.
El Creador lo hizo posible para que tengamos en que ocuparnos.
Detalles de Su corazón bondadoso para con nosotros y con la naturaleza.
Naturaleza creada para albergarnos de un Universo tan inmenso;
desconocido y lleno de esperanza y desconocimiento.
Llegará un día que dejaremos de caminar debajo de las encimeras,
donde entrelazamos conversaciones y paseos de descansos necesarios.
Estaremos junto al Creador, disfrutando de Su compañía,
y recibiendo toda clase de conocimientos que hoy están vedados a los vivientes.
Allí contemplaremos y escucharemos de primera mano,
como bien Su Palabra lo declara:
«Ahora vemos por espejo, oscuramente; más entonces veremos cara a cara. Ahora conozco en parte; pero entonces conoceré como fui conocido.»
Bendita promesa,
Bendito Señor de la promesa,
Bendito todo aquel que escuchó e hizo caso de ella.
Bendita mujer que pasea debajo de esa enramada; pasos que hicieron posibles estas palabras.
«Hosanna»
¡Bendito el que Viene en el Nombre del Señor!
¡Amén!
(Poema repentino, desde el corazón a María Evangelista; una persona que admiro)