PRÓLOGO
Durante años no he comprendido el título de este libro que estoy escribiendo a duras penas, aunque no lo tengas; a la perfección, y un adverbio más, a “trancas y barrancas”. Sí, este mejor, por expresar mejor las dificultades.
¿Cómo qué páncreas de Dios? ¡Dios no tiene páncreas! Pensé hacia mis adentros.
Claro, lo miraba desde un punto de vista humano, pues, con tanto dolor durante años sufriendo, uno siempre está pendiente de lo que más le aflige.
Esta y muchas más interrogantes pasaron por mi mente todos estos años que tardé en escribirlo por completo a voces. Hasta que un día buscando información con mucho esmero sobre el páncreas, me encontré con la definición buscada entre muchos profesionales clínicos luego de haber padecido dos pancreatitis, he podido ver una similitud, de lo mucho que hay con lo que se aprende o con lo que se vive lo de congregar en Cristo no sólo analizando las escrituras sino también con las enseñanzas sacadas de ellas por muchos maestros, que por mucho que quieran enseñar sobre el cristianismo, de una u otra manera queriendo y haciendo de buena voluntad, deforman ese discipulado y carrera en algo casi imposible de sobrellevar para muchos en su peregrinaje de vida cristiana, es decir, vida de discípulos de Cristo.
En este libro con base en esta definición que les dejo a continuación trato de dejar claro algunas de las enseñanzas de Jesús y cómo absorber, usando el mismo lenguaje de los entendidos clínicos sobre la función del páncreas, de cómo entender lo mejor de ellas que hemos recibido de sus profetas o mismo, definiciones propias por participar en la vida día tras día.
Y tengo que decir para bien de los nervios psíquicos de todos los críticos de estas líneas, que no es exhaustiva, pues solo trato de igual manera ayudar al lector con ejemplos cotidianos de vida.
“El páncreas realiza una función fundamental en el proceso de la digestión en el cuerpo, ya que contienen unas glándulas que producen enzimas importantes para el proceso de absorción de los diferentes elementos que contienen los alimentos que por nosotros son ingeridos. El jugo pancreático y la bilis, que viene de la vesícula, son liberadas en el duodeno y ayudan al cuerpo a digerir y absorber los nutrientes de los alimentos para que estos pasen a la sangre para ser utilizados por todas las células del organismo.
Por lo tanto, una de las primeras consecuencias de procesos que afectan la correcta excreción de estas enzimas, como determinadas lesiones del páncreas (quistes, tumores del páncreas u otras entidades benignas) o procesos inflamatorios (pancreatitis), es una sensación de dificultad para la digestión, dolor en la parte superior del abdomen, pérdida de peso y tendencia a la diarrea”.
En virtud de la descripción de la función del páncreas, estas “letras” son para los que están por entrar, los que están dentro y para los que piensan que ya salieron del cuerpo de Cristo, pues, si hacemos una lista de similitud, quedaría así:
El “páncreas” es sinónimo de la mente (Entendimiento o alma) de los que son considerados discípulos; considerados miembros del “cuerpo” de Cristo.
Las “enzimas” producidas son enseñanzas que se imparten a los discípulos, las doctrinas, como también testimonios escuchados y vividos por los propios discípulos. O sea, nosotros mismos y
“Digerir”, como el sinónimo de reflexionar, meditar, comprender, asimilar, metabolizar tales vivencias y aprendizaje.
La “absorción”, aplica a lo anterior mencionado, para nutrir el “cuerpo” dando lugar a su desarrollo y mantenimiento sano de la mente y cuerpo físico de ese peregrinaje aquí en la tierra.
Las “lesiones, tumores e inflamaciones” serían como consecuencia de una vida en desorden y falta de entendimiento que acarrea el proceso de inflamación y los dolores y dificultades durante ese vivir, esperando el desenlace final.
Tendremos muchas sorpresas al llegar allí.
¡Buen viaje por estas probanzas!